La naturaleza salvaje de la tierra y de todos sus seres vivos, tienen un lenguaje único y universal. Pero solo hay una criatura capaz de conectar ese mundo con el del hombre; la mujer salvaje, un ser que se remonta ha eras pasadas, antes de Cristo. Su esencia se ha ido perdiendo y ha sido olvidado por sus hijas en las generaciones venideras, y con el transcurso del tiempo se ha saqueado, rechazado y reestructurado su naturaleza instintiva. Sus tierras espirituales han sido expoliadas o quemadas y sus guaridas han sido arrasadas y que los ciclos naturales se han visto obligados a presenciar.
El alma femenina ha sido moldeada, a la mujer que se adapte a una forma razonable según la definición de la cultura que ignora, su verdadera naturaleza. Además ha sido doblegada con el fin de que adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman ser los portadores exclusivos del conocimiento. De esta forma a sido amaestrada en un zoológico de primates con penes erectos.
(Fragmento, Poema Uno, Pablo Neruda, Veinte Poemas de amor y una canción desesperada)
“… Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracias.
Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.”
Cuando se llamas intuitivamente al lado salvaje, despierta y renace un antiguo y remoto recuerdo. Un parentesco irrevocable con el femenino indómito. Una relación que se ha llevado a un punto fantasmagórico como consecuencia del olvido y la represión. Una sutil figura de domesticación por parte de la cultural
actual.
Y precisamente nace de esa fundamental, sustancial y esencial relación con lo salvaje. El arquetipo de la mujer salvaje que se experimenta intensamente durante el embarazo, la lactancia de los hijos, mientras el milagro del cambio que en ellas se produce cuando crían a sus hijos o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero que de un bello y amado jardín, es ese el vivificante “sabor de lo salvaje” que perciben las mujeres en los estados más susceptibles y primitivos de su esencia.
Su existencia también esta presente a través de la visión, de la apreciación de la extraordinaria belleza al contemplar los bosques en una puesta de sol, el nacimiento de una nueva estrella, al observar los dedos de los pies de un hijo recién nacido; se siente en el interior como un indomable sentimiento tan ajeno y extraño, pero a la vez tan peculiar y familiar.
La mujer salvaje es la criatura indómita, que aguarda en lo más recóndito de la mujer, esa que llama a gritos ser liberad
a y apreciada, esa que desea cantar sus dolores y alegrías, correr desnuda por los campos y bañarse en el mar de la luna.
Y es de esta manera, que los animales salvajes como los lobos, coyotes, zorros y las mujeres salvajes inconformistas que han sido perseguidos, hostigados, y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos. Han sido el blanco de aquellos que no solo desean limpiar la selva sino el territorio salvaje del espíritu, sofocando lo instintivo. La depredación que ejercen sobre los animales y la mujer salvaje aquellos que no comprenden. Por lo tanto los animales y la mujer salvaje son especies en peligro de extinción.
(Fragmento, Poema Dos, Pablo Neruda, Veinte Poemas de amor y una canción desesperada)
“Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava
círculo que en negro y dorado sucede:
erguida, trata de logra una creación tan viva
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.”
La mujer salvaje, no es igual a la falta de control, sino en su sentido original que significa vivir la experiencia natural. La esencia de ella es llegar a conectarse con la naturaleza viva, volver a la fuente, donde su psique es libre y prospera. ¡Ella es el alma perdida de la mujer contemporánea!
por: TuLuz

